La intención fue clara desde el principio: quebrar el espíritu de Matt Murdock para luego hacerlo renacer. Y sólo había un ser que podía llevar a cabo esta misión: Kingpin. Luego de que Karen Page (devenida en una rata drogadicta y actriz porno de cuarta), vendiera la verdadera identidad de Daredevil a un narco por un poco de heroína, el señor del crimen se pone en marcha al enterarse esto. Un plan que maneja con diversos tentáculos, los cuales van tocando varias esferas para destruir al ciego abogado. Le bloquea sus cuentas bancarias, le anulan su licencia de abogado, hace explotar su hogar, lo mete empapado de whisky en un taxi robado y lo lanza al fondo de las aguas del East River. A todo esto el resto del cast continúa su vida sin saber qué es del paradero de Matt. Su amigo Foggy Nelson está iniciando una relación amorosa, el periodista Ben Urich investiga su desaparición pero es apretado por gente de Kingpin y Karen sigue su desdichada caída en adicciones rodeándose de turbios sujetos. Pero un milagro comparece en forma de monja y así llega la hermana Maggie para salvarlo como sólo una madre podría obrar. El revivir ahora cada vez está más cerca, pero así también la guerra final contra un desquiciado soldado llamado Nuke que fue contratado por Kingpin y que traerá una matanza despiadada consigo. Con una ayudita de los Avengers, encabezados por Captain America, la paz parece asomar para todos en el horizonte.
Matt Murdock ha sido deshumanizado, roto y dejó de ser el sostén de Daredevil, es ahora el diablo de Hell's Kitchen quien deberá mantener a flote a su otra personalidad. Con un claro trasfondo religioso cada episodio se titula con reminiscencias cristianas, tales como "Apocalypse", "Purgatory", "Pariah", "Born Again", "Saved", "God and Country" y "Armageddon". Otro claro ejemplo es el desenlace del #229, una inolvidable imagen que evoca a La Pietà de Miguel Angel.
Ciertamente Daredevil: Born Again está escrito como los dioses, la narrativa de Frank Miller es espesa, tensa y plagada de un dolor terrible que se siente, tal cual lo sufre Matt Murdock y su maestría se hace presente para convertirnos en algo más que meros lectores. Somos testigos de un hundimiento desgarrador, nos sumergimos en las páginas tratando de darle una mano al infame protagonista y eso lo vivimos profundamente gracias a la excelsa pluma del ídolo nacido en Maryland. Y si a esa desesperación le sumamos los grandiosos dibujos de David Mazzucchelli, el combo es un cómic legendario. El artista oriundo de Rhode Island la rompe, con un manejo exquisito de las sombras, claroscuros y anatomías, sumándole un ritmo de lectura hipnótico, imposible de soltar y captando a la perfección las intenciones de la trama. La conjugación de virtuosismo entre los dos creadores se vuelve un deleite para todo fan del noveno arte. Hoy, 40 años después de su aparición, Born Again, cada vez se lee y disfruta mejor. Un cómic inspirador, necesario e icónico. Una de las joyas infinitas que Frank Miller supo producir en aquel inolvidable 1986 y que ha servido de "musa" para tantos, hasta para cuando Daredevil se aventuró a la pantalla chica con sus series televisivas. Ojalá todos tengan la oportunidad de inmiscuirse en sus viñetas y regocijarse con una de las grandes obras de la historieta mundial. Hell yeah!!

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