La calles de The City continúan siendo un caldo de cultivo más que fértil para las filosas crónicas que redacta Spider Jerusalem diariamente. En especial si tenemos en cuenta sucesos como el "suicidio" del novio de Channon, su asistente, para convertiste en un virus informático en forma de neblina. O tener que escribir acerca de cómo una persona vuelve a la vida a través de nanotecnología y que eso realmente no sea tan bueno como se pensó que era. Visitar extrañas reservas que protegen culturas pasadas mientras desarrolla una línea tan cruda como real en sus notas, así son los días de Spider. Visceral, a las puteadas, cagándose de risa y armando bardo por doquier desenfrenadamente, el calvo periodista pone como principio fundamental de su trabajo "la verdad sobre todo", y no transar jamás con el sistema. Mientras, huye de asesinos que quieren matarlo culpa de alguien que se ofendió por sus artículos, un perro bulldog policía busca vengarse de él por algo terrible que le hizo y su ex esposa parece estar de vuelta de alguna manera. Ahh, y no nos olvidemos de su hijo decapitado que no para de preguntar por su padre. Un delirio maravilloso todo.
El futuro es un caos decadente y Warren Ellis da cátedra sobre dicho panorama. Sus guiones cargados de sarcasmo y humor negro, son una ácida sátira que no tienen desperdicio y que desnudan una coyuntura que (trágicamente), se asemeja, cada vez más, a nuestros tiempos. El capo Darick Robertson no baja el nivel ni por un instante. Las impresionantes locaciones futuristas y lo que reflejan sus trazos en los surrealistas paisajes urbanos, hacen de las viñetas de Transmetropolitan un deleite visual glorioso. El nacido en California deja la vida en cada detalle, en cada rostro y redondea un laburo excelso.
Esta entrega número dos entretiene, eriza la piel, exaspera y también te hace matar de la risa. Eso es Transmetropolitan, eso es Spider Jerusalem, cómic del bueno. En El Bodegón seguimos haciendo flamear la bandera de nuestro querido reportero gonzo. "The truth no matter what!"

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